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El jefe de los escuadrones de la muerte gana las elecciones colombianas

el julio 1, 2010 en Colombia

Juan Manuel San­tos, min­istro de Defensa de triste fama del rég­i­men del pres­i­dente saliente Álvaro Uribe y estrechamente vin­cu­lado con los graves crímenes con­tra la humanidad, ha «ganado» las recientes elec­ciones cel­e­bradas en Colom­bia en junio de 2010. Los prin­ci­pales medios elec­tróni­cos e impre­sos, CNN, FOX News, The Wash­ing­ton Post, The New York Times, The Wall Street Jour­nal y el otrora lib­eral The Finan­cial Times (FT), han cel­e­brado la elec­ciónn de San­tos como un gran tri­unfo para la democ­ra­cia. Según The Finan­cial Times, «Colom­bia, y no Venezuela, es (el) mejor mod­elo para América Latina» (FT, 23/06/2010, p. 8). Alu­di­endo a la «abru­madora» ven­taja obtenida por San­tos (acu­muló el 69% de los votos), The Finan­cial Times proclamó que se ha hecho acree­dor de «un mandato sólido» (FT, 22/06/2010). En lo que tiene que con­ver­tirse en una de las man­io­bras más fla­grantes para ocul­tar la his­to­ria reciente, las expli­ca­ciones de los medios de comu­ni­cación excluyen los hechos atro­ces de las elec­ciones y las políti­cas pro­fun­da­mente autori­tarias lle­vadas a cabo por San­tos durante la última década.

Las elec­ciones: Armas, élites y terrorismo

Las elec­ciones son un pro­ceso (no un mero acon­tec­imiento) cuyo resul­tado deter­mi­nan las condi­ciones políti­cas pre­vias. Durante los ocho años ante­ri­ores de gob­ierno del saliente pres­i­dente Uribe y el min­istro de Defensa San­tos fueron traslada­dos a la fuerza más de 2 mil­lones de habi­tantes, en su may­oría, habi­tantes pobres de zonas rurales, y ale­ja­dos de sus hog­a­res y sus tier­ras para expul­sar­los al otro lado de las fron­teras con países veci­nos o a sub­ur­bios urbanos. El rég­i­men de Uribe y San­tos recur­rió tanto al Ejército como a los 30.000 miem­bros de los escuadrones de la muerte para matar y ater­rorizar núcleos de población enteros a los que se con­sid­er­aba «sim­pa­ti­zantes» de la insur­gen­cia armada, lo que afectó a var­ios mil­lones de habi­tantes pobres de zonas rurales y urbanas. Más de 20.000 per­sonas fueron asesinadas, muchas de ellas, según la prin­ci­pal orga­ni­zación colom­biana de dere­chos humanos, acu­sadas en falso de «guer­rilleros». Cuando San­tos era min­istro de Defensa los tri­bunales lo impli­caron direc­ta­mente en lo que se ha dado en lla­mar «fal­sos pos­i­tivos». El ejército cap­turaba al azar a doce­nas de jóvenes pobres de núcleos urbanos, los fusil­aba y proclam­aba una vic­to­ria sonora sobre la guer­rilla de las FARC.

Algunos de los diri­gentes más impor­tantes de escuadrones de la muerte para­mil­itares a quienes se apresó han tes­ti­fi­cado que unos 60 con­gre­sis­tas de los que respald­a­ban a Uribe y San­tos esta­ban en su nómina y «han garan­ti­zado» los votos de regiones que se encuen­tran bajo su con­trol. Ante el daño cau­sado por estos tes­ti­mo­nios, Uribe y San­tos han traicionado a sus cama­radas de los narco-escuadrones de la muerte y los han «extra­di­tado» a Esta­dos Unidos, donde el pro­ceso judi­cial excluyó las prue­bas que los vin­cu­lan con los asesinatos masivos real­iza­dos a instan­cias de Uribe y Santos.

Más de dos mil sindi­cal­is­tas, activis­tas de dere­chos humanos, peri­odis­tas y con­gre­sis­tas críti­cos con Uribe y San­tos han sido asesina­dos por sicar­ios de escuadrones de la muerte al ser­vi­cio del rég­i­men. Las con­fed­era­ciones sindi­cales más impor­tantes del mundo han envi­ado misiones y pub­li­cado informes que con­de­nan a Colom­bia por ser el país más peli­groso para los rep­re­sen­tantes de los trabajadores.

En otras pal­abras: todos los sec­tores sociales que man­i­fi­es­tan que­jas sociales y políti­cas con­tra el rég­i­men han sido objeto de cam­pañas de ter­ror y muchos de sus líderes de opinión locales han sido asesina­dos, desplaza­dos o exil­i­a­dos… lo que socava toda posi­bil­i­dad de exis­ten­cia de alguna orga­ni­zación sociopolítica inde­pen­di­ente estable.

El ter­ror­ismo de Estado dom­i­nante ha supuesto que muy pocos líderes locales sobre­vivan, lo que merma la capaci­dad del elec­torado de sus­ten­tar una orga­ni­zación libre e independiente.

El día de las elec­ciones, el rég­i­men mov­i­lizó a más de 350.000 sol­da­dos y agentes de policía, muchos de ellos impli­ca­dos en toda una década de repre­sión, para que «super­vis­aran» las elec­ciones y recor­daran a los votantes la fuerza que ampara al «can­didato ofi­cial» (La Jor­nada, 30/05/2010).

El resul­tado elec­toral ha dis­tado mucho de ser el «mandato» del pueblo colom­biano tal como lo procla­man los medios de comu­ni­cación de masas. Los «ganadores», que rep­re­sen­tan a un 56 por ciento del elec­torado, han sido los «abs­ten­cionistas», la posi­ción defen­dida por las FARC. Ahora bien, sin duda, la may­oría del voto abs­ten­cionista no era reflejo del apoyo o la sim­patía por las FARC; más bien refle­jaba la desafec­ción con la repre­sión y la vio­len­cia, la expropiación masiva de mil­lones de per­sonas y el fra­caso abso­luto de un rég­i­men a la hora de abor­dar el desem­pleo y el empleo pre­cario que afectan al 40 por ciento de la población económi­ca­mente activa.

En real­i­dad, San­tos obtuvo el 30 por ciento de los votos del elec­torado, ape­nas un respaldo autor­izado. Si anal­izamos el per­fil social y ecológico de los votantes, se trata a todas luces del respaldo de la élite. Los nive­les más ele­va­dos de abs­ten­ción se dieron en var­ios gru­pos muy con­cre­tos. En las bar­ri­adas de chabo­las y las zonas rurales que pade­cen la repre­sión y el aban­dono la abs­ten­ción ascendió a más del 80 por ciento. Por el con­trario, en los sec­tores de clase media y alta de las prin­ci­pales ciu­dades más del 60 por ciento votó al can­didato del rég­i­men. Uribe y San­tos han tratado de bus­car una expli­cación a la abs­ten­ción gen­er­al­izada recur­riendo al clima (de llu­via) y a los par­tidos del Campe­onato del Mundo de fút­bol. Sin embargo, la poca par­tic­i­pación fue gen­er­al­izada en todo el país, tanto en las zonas de clima seco como en las que sufrieron inclemen­cias. Y los par­tidos no duraron todo el día de las elec­ciones. Los medios de comu­ni­cación de masas han pasado por alto de forma sis­temática los atro­ces crímenes cometi­dos bajo el mandato del min­istro de Defensa San­tos y los car­gos de los que se le acusa en el asesinato de «fal­sos pos­i­tivos», así como su vin­cu­lación pro­lon­gada y gen­er­al­izada con los escuadrones de la muerte y el apoyo de los gob­ier­nos de Uribe al trá­fico de dro­gas. Han pasado por alto el apoyo que ha prestado a la desreg­u­lación del sis­tema financiero, que se ha tra­ducido en la estafa sufrida por cen­tenares de miles de pequeños inver­sores colombianos.

Com­parar Colom­bia con Venezuela

Sin embargo, The Finan­cial Times (23/06/2010) salda a favor de Colom­bia la com­para­ción del rég­i­men de Uribe y San­tos con la Venezuela de Chavez en «Crack­ers about Cara­cas? Latin Amer­i­can should be bonkers about Bogota instead» [«¿Petar­dos por Cara­cas? Más bien, los lati­noamer­i­canos deberían perder la cabeza por Bogotá»]. Según The Finan­cial Times, Venezuela es poco segura, autori­taria y está en declive económico con Chavez. Hacién­dose eco del resto de los medios de comu­ni­cación, los redac­tores de The Finan­cial Times afir­man que Colom­bia es una democ­ra­cia próspera, pro­vista de un sis­tema de con­troles y con­trape­sos; con unos bar­rios seguros y pací­fi­cos… salvo cuando los bar­rios pobres se que­jan del desem­pleo o los habi­tantes de las zonas rurales se man­i­fi­es­tan con­tra la expropiación de tier­ras a manos de pis­toleros a sueldo de los ter­rate­nientes. The Finan­cial Times no men­ciona la rea­pari­ción de las ban­das de para­mil­itares que siem­bran el pánico en las zonas rurales colom­bianas (La Jor­nada, 28/05/2010), sino que se cen­tra en los deli­tos calle­jeros de Caracas.

El gob­ierno de Venezuela, con­trario a los medios de comu­ni­cación esta­dounidenses, pro­mueve las comu­nidades basadas en movimien­tos sociales que serían blanco de los asaltos del ejército en Bogotá.

Los únicos gru­pos «para­mil­itares» de Venezuela son los que cruzan la fron­tera desde Colom­bia, a los que per­sigue y cas­tiga la Guardia Nacional Vene­zolana. En Venezuela, los sindi­catos par­tic­i­pan en la direc­ción de las prin­ci­pales fac­torías e indus­trias, a difer­en­cia de lo que sucede en Colom­bia, donde se les asesina, inclu­i­dos los tra­ba­jadores de las indus­trias fun­da­men­tales del car­bón, el petróleo, los plá­tanos o la Coca Cola.

A las men­ti­ras y fal­si­fi­ca­ciones de los medios de comu­ni­cación en torno a las elec­ciones de Colom­bia y sus diri­gentes políti­cos sub­y­a­cen varias con­sid­era­ciones elementales.

1.) Uribe y San­tos son fer­vientes defen­sores del libre mer­cado y bus­can con impa­cien­cia alcan­zar un acuerdo de libre com­er­cio, entor­pecido en el Con­greso de Esta­dos Unidos a causa de sus cam­pos de la muerte.

2.) Uribe y San­tos son clientes incondi­cionales del Pen­tá­gono, del que reciben 6.000 mil­lones de dólares en con­cepto de ayuda y al que han entre­gado 7 bases mil­itares, bajo juris­dic­ción esta­dounidense, para ame­nazar a Venezuela, Ecuador y cualquier otro país que el rég­i­men de Obama con­sidere hos­til al dominio de Esta­dos Unidos.

3.) Uribe y San­tos han recono­cido el rég­i­men de Hon­duras, fruto de un golpe mil­i­tar respal­dado por Esta­dos Unidos a medi­a­dos de 2009… al con­trario que el resto de América Latina.

El hecho de que los medios de comu­ni­cación de masas hayan acogido de tan buena gana a un rég­i­men que ostenta el peor reg­istro de respeto a los dere­chos humanos desde la caída de los dic­ta­dores de las décadas de 1970 y 1980 (La Jor­nada, 17/06/2010) es indica­tivo del giro a la derecha imprim­ido por el rég­i­men de Obama y Wall Street. Según la Casa Blanca y los medios de comu­ni­cación, las democ­ra­cias de los escuadrones de la muerte como la de Colom­bia acred­i­tan su condi­ción de «mod­éli­cas» para América Latina. El prob­lema es que ni la inmensa may­oría de los ciu­dadanos y ciu­dadanas de América Latina, ni casi ninguno de los par­tidos políti­cos democráti­cos de la región, se lo tra­gan: pre­fieren democ­ra­cias sin escuadrones de la muerte, sin bases mil­itares extran­jeras y sin pres­i­dentes que trafiquen con dro­gas. En la actu­al­i­dad, los tres prin­ci­pales ali­a­dos de la Casa Blanca en la región (Colom­bia, Perú y Méx­ico) pro­ducen y venden el 80 por ciento de la cocaína de la zona. ¿Apare­cerá esto en las saluta­ciones de los medios de comu­ni­cación a los pres­i­dentes recién elegidos?

Rebe­lión ha pub­li­cado este artículo con el per­miso del autor medi­ante una licen­cia de Cre­ative Com­mons, respetando su lib­er­tad para pub­li­carlo en otras fuentes.
James Petras

Tra­ducido para Rebe­lión por Ricardo Gar­cía Pérez

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