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El poder oculto: de donde nace la impunidad de Israel 
por Manuel Freytas*

el julio 3, 2010 en Estados Unidos, Israel, Oriente, Palestina

La gran com­pli­ci­dad inter­na­cional con las masacres per­iódi­cas israelíes no se ges­tan por miedo a Israel, sino por miedo a lo que rep­re­senta el Estado judío. Israel es el sím­bolo más emblemático, la patria ter­ri­to­r­ial del sion­ismo cap­i­tal­ista que con­trola el mundo sin fron­teras desde los direc­to­rios de los ban­cos y cor­po­ra­ciones trasna­cionales. Israel, bási­ca­mente, es la rep­re­sentación nacional de un poder mundial sion­ista que es el dueño del Estado de Israel tanto como del Estado norteam­er­i­cano, y del resto de los Esta­dos con sus recur­sos nat­u­rales y sis­temas económico-productivos. Y que con­trola el plan­eta desde los ban­cos cen­trales, las grandes cade­nas mediáti­cas y los arse­nales nucleares militares.

El poder oculto
Israel, es la más clara ref­er­en­cia geográ­fica del sis­tema cap­i­tal­ista trasna­cional­izado que con­trola desde gob­ier­nos hasta sis­temas económico pro­duc­tivos y grandes medios de comu­ni­cación, tanto en los países cen­trales como en el mundo sub­de­sar­rol­lado y per­iférico.
El Estado judío, más allá de su inci­den­cia como Nación, es el sím­bolo más rep­re­sen­ta­tivo de un poder mundial con­tro­lado en sus resortes deci­sivos por gru­pos minori­tar­ios de ori­gen judío, y con­for­mado por una estruc­tura de estrate­gas y tec­nócratas que operan las redes indus­tri­ales, tec­nológ­i­cas, mil­itares, financieras y mediáti­cas del cap­i­tal­ismo trasna­cional exten­dido por los cua­tro pun­tos car­di­nales del plan­eta.
Con una población de alrede­dor de 7,35 mil­lones de habi­tantes, Israel es el único Estado judío del mundo.
Pero cuando hablamos de Israel, hablamos (por exten­sión) de la ref­er­en­cia más sig­nif­i­cante de un sis­tema cap­i­tal­ista glob­al­izado que con­trola gob­ier­nos, países, sis­temas económi­cos pro­duc­tivos, ban­cos cen­trales, cen­tros financieros, arse­nales nucleares y com­ple­jos mil­itares indus­tri­ales.
Cuando hablamos de Israel, hablamos antes que nada de un dis­eño estratégico de poder mundial que lo pro­tege, inter­ac­tivo y total­izado, que se conc­reta medi­ante una red infinita de aso­cia­ciones y vasos comu­ni­cantes entre el cap­i­tal financiero, indus­trial y de ser­vi­cios que con­vierte a los países y gob­ier­nos en geren­cias de enclave.
El lobby sion­ista que sostiene y legit­ima la exis­ten­cia de Israel, no es un Estado en el lejano Medio Ori­ente, sino un sis­tema de poder económico plan­e­tario (el sis­tema cap­i­tal­ista) de ban­cos y cor­po­ra­ciones trasna­cionales con judíos dom­i­nando la may­oría de los paque­tes accionar­ios o hege­mo­nizando las deci­siones geren­ciales desde puestos direc­tri­ces y ejec­u­tivos.
Quien se tome el tra­bajo de inves­ti­gar el nom­bre de los inte­grantes de los direc­to­rios o de los accionistas de la grandes cor­po­ra­ciones y ban­cos transna­cionales esta­dounidenses y europeos que con­trolan desde el com­er­cio exte­rior e inte­rior hasta los sis­temas económico pro­duc­tivos de los países, tanto cen­trales como «sub­de­sar­rol­la­dos» o «emer­gentes», podrá fácil­mente com­pro­bar que (en una abru­mante may­oría) son de ori­gen judío.
Los direc­tivos y accionistas de las primeras treinta megaem­pre­sas trasna­cionales y ban­cos (las más grandes del mundo) que coti­zan en el indice Dow Jones de Wall Street, son may­ori­tari­a­mente de ori­gen judío.
Mega­cor­po­ra­ciones del cap­i­tal­ismo sin fron­teras como Wal-Mart Stores, Walt Dis­ney, Microsoft, Pfizer Inc, Gen­eral Motors, Hewlett Packard, Home Depot, Hon­ey­well, IBM, Intel Cor­po­ra­tion, John­son & John­son, JP Mor­gan Chase, Amer­i­can Inter­na­tional Group, Amer­i­can Express, AT & T, Boe­ing Co (arma­men­tista), Cater­pil­lar, Cit­i­group, Coca Cola, Dupont, Exxon Mobil (petrol­era), Gen­eral Elec­tric, McDon­alds, Merck & Co, Proc­ter & Gam­ble, United Tech­nolo­gies, Ver­i­zon, son con­tro­ladas y/o geren­ci­a­dos por cap­i­tales y per­sonas de ori­gen judío.
Estas cor­po­ra­ciones rep­re­sen­tan la crema de la crema de los grandes con­sor­cios trasna­cionales judeo sion­istas que, a través del lobby ejer­cido por las emba­jadas esta­dounidenses y euro­peas, dic­tan y condi­cio­nan la política mundial y el com­por­tamiento de gob­ier­nos, ejérci­tos, o insti­tu­ciones mundi­ales ofi­ciales o pri­vadas.
Son los amos invis­i­bles del plan­eta: los que mane­jan a los países y a pres­i­dentes por con­trol remoto, como si fueran títeres de última gen­eración.
Quien inves­tigue con este mismo cri­te­rio, además, los medios de comu­ni­cación, la indus­tria cul­tural o artís­tica, cámaras empre­sar­i­ales, orga­ni­za­ciones sociales, fun­da­ciones, orga­ni­za­ciones pro­fe­sion­ales, ONGs, tanto en los países cen­trales como per­iféri­cos, se va a sor­pren­der de la notable inci­den­cia de per­sonas de ori­gen judío en sus más altos nive­les de decisión.
Las tres prin­ci­pales cade­nas tele­vi­si­vas de EEUU (CNN, ABC, NBC y Fox) , los tres prin­ci­pales diar­ios (The Wall Street Jour­nal, The New York Times y The Wash­ing­ton Post) están con­tro­la­dos y geren­ci­a­dos (a través de paque­tes accionar­ios o de famil­ias) por gru­pos del lobby judío, prin­ci­pal­mente neoy­orquino.
Asimismo como las tres más influyentes revis­tas (Newsweek, Time y The New Yorker), y con­sor­cios hegemóni­cos de Inter­net como Time-Warner (fusion­ado con América on Line) o Yahoo, están con­tro­la­dos por geren­ci­amiento y cap­i­tal judío que opera a nivel de redes y con­glom­er­a­dos entre­laza­dos con otras empre­sas.
Colosos del cine de Hol­ly­wood y del espec­táculo como The Walt Dis­ney Com­pany, Warner Broth­ers, Colum­bia Pic­tures, Para­mount, 20th Cen­tury Fox, entre otros, for­man parte de esta red inter­ac­tiva del cap­i­tal sion­ista impe­ri­al­ista.
La con­cen­tración del cap­i­tal mundial en mega-grupos o mega-compañías con­tro­ladas por el cap­i­tal sion­ista, en una pro­por­ción aplas­tante, posi­bilita deci­siones plan­e­tarias de todo tipo, en la economía, en la sociedad, en la vida política, en la cul­tura, etc., y rep­re­senta el aspecto más defin­i­to­rio de la glob­al­ización impuesta por el poder mundial del sis­tema cap­i­tal­ista impe­r­ial.
El obje­tivo cen­tral expan­sivo de este cap­i­tal­ismo sion­ista trasna­cional­izado es el con­trol y el dominio (por medio de las guer­ras de con­quista o de «sis­temas democráti­cos) de recur­sos nat­u­rales y sis­temas económico – pro­duc­tivos, en un accionar que sus defen­sores y teóri­cos lla­man “políti­cas de mer­cado”».
El cap­i­tal­ismo transna­cional, a escala global, es el dueño de los esta­dos y sus recur­sos y sis­temas económico– pro­duc­tivos, no sola­mente del mundo depen­di­ente, sino tam­bién de los países cap­i­tal­is­tas cen­trales.
Por lo tanto los gob­ier­nos depen­di­entes y cen­trales son geren­cias de enclave (por izquierda o derecha) que con vari­antes dis­cur­si­vas eje­cu­tan el mismo pro­grama económico y las mis­mas líneas estratég­i­cas de con­trol político y social.
Este cap­i­tal­ismo transna­cional «sin fron­teras» del lobby sion­ista que sostiene al Estado de Israel se asienta en dos pilares fun­da­men­tales: la espec­u­lación financiera informa­ti­zada (con asiento ter­ri­to­r­ial en Wall Street ) y la tec­nología militar-industrial de última gen­eración (cuya expre­sión máx­ima de desar­rollo se con­cen­tra en el Com­plejo Mil­i­tar Indus­trial de EEUU).
El lobby sion­ista inter­na­cional, sobre el cual se asien­tan los pilares exis­ten­ciales del Estado de Israel, con­trola desde gob­ier­nos, ejérci­tos, policías, estruc­turas económi­cos pro­duc­ti­vas, sis­temas financieros, sis­temas políti­cos, estruc­turas tec­nológ­i­cas y cien­tí­fi­cas, estruc­turas socio-culturales, estruc­turas mediáti­cas inter­na­cionales, hasta el poder de policía mundial asen­tado sobre los arse­nales nucleares, los com­ple­jos mil­itares indus­tri­ales y los aparatos de despliegue mil­i­tar de EEUU y de las poten­cias cen­trales.
A ese poder, y no al Estado de Israel, es al que temen los pres­i­dentes, políti­cos, peri­odis­tas e int­elec­tuales que callan o defor­man a diario los geno­cidios de Israel en Medio Ori­ente temerosos de quedar sepul­ta­dos de por vida bajo la láp­ida del «anti­semitismo».
El lobby impe­r­ial
El lobby sion­ista pro-israelí, la red del poder oculto que con­trola Casa Blanca, el Pen­tá­gono y la Reserva Fed­eral no reza en las sin­a­gogas sino en la Cat­e­dral de Wall Street. Un detalle a tener en cuenta, para no con­fundir la religión con el mito y el nego­cio.
Cuando se refieren al lobby sion­ista (al que lla­man lobby pro-israelí) la may­oría de los exper­tos y anal­is­tas hablan de un grupo de fun­cionar­ios y tec­nócratas, en cuyas manos está el dis­eño y la eje­cu­ción de la política mil­i­tar norteam­er­i­cana.
A este lobby de pre­sión se le atribuye el obje­tivo estratégico per­ma­nente de imponer la agenda mil­i­tar y los intere­ses políti­cos y geopolíti­cos del gob­ierno y el Estado de Israel en la política exte­rior de EEUU.
Como defini­ción, el lobby pro-israelí es una gigan­tesca maquinaria de pre­sión económica y política que opera simultánea­mente en todos los esta­men­tos del poder insti­tu­cional esta­dounidense: Casa Blanca, Con­greso, Pen­tá­gono, Depar­ta­mento de Estado, CIA y agen­cias de la comu­nidad de inteligen­cia, entre los mas impor­tantes.
Por medio de la uti­lización política de su poder financiero, de su estratég­ica posi­ción en los cen­tros de decisión, los gru­pos financieros del lobby ejercen influ­en­cia deci­siva en la política interna y externa de EEUU, la primera poten­cia impe­r­ial, además de su papel dom­i­nante en la finan­ciación de los par­tidos políti­cos, de los can­didatos pres­i­den­ciales y de los con­gre­sis­tas.
A nivel impe­r­ial, el poder financiero del lobby se expresa prin­ci­pal­mente por medio de la Reserva Fed­eral de EEUU, un organ­ismo clave para la con­cen­tración y repro­duc­ción del cap­i­tal espec­u­la­tivo a nivel plan­e­tario.
El corazón del lobby sion­ista esta­dounidense es el poderoso sec­tor financiero de Wall Street que tiene directa impli­can­cia y par­tic­i­pación en el nom­bramiento de fun­cionar­ios claves del gob­ierno de EEUU y de los órganos de con­trol de política mon­e­taria e insti­tu­ciones cred­iti­cias (nacional e inter­na­cional) con sede en Wash­ing­ton y Nueva York.
Los organ­is­mos económi­cos financieros inter­na­cionales como la OCDE, el Banco Mundial, el FMI, están bajo directo con­trol de los ban­cos cen­trales y de los gob­ier­nos de EEUU y de las poten­cias con­tro­ladas por el lobby sion­ista inter­na­cional (Gran Bre­taña, Ale­ma­nia, Fran­cia, Japón, entre las más rel­e­vantes).
Orga­ni­za­ciones y alian­zas inter­na­cionales como la ONU, el Con­sejo de Seguri­dad y la OTAN están con­tro­la­dos por el eje sion­ista USA-Unión Euro­pea cuyas poten­cias cen­trales son las que garan­ti­zan la impunidad de los exter­min­ios mil­itares de Israel en Medio Ori­ente, como sucedió con la última masacre de activis­tas sol­i­dar­ios con el pueblo de Gaza.
Las prin­ci­pales insti­tu­ciones financieras del lobby (Gold­man Sachs, Mor­gan Stan­ley, Lehman Broth­ers, etc) y los prin­ci­pales ban­cos (Cit­i­group, JP Mor­gan y Mer­rill Lynch, etc), influyen deci­si­va­mente para el nom­bramiento de los tit­u­lares de la Reserva Fed­eral, el Tesoro, y la sec­re­taría de Com­er­cio, además de los direc­tores del Banco Mundial y del Fondo Mon­e­tario Inter­na­cional.
El mito del «anti­semitismo»
A este fenó­meno de «poder cap­i­tal­ista mundial» judío, y no a Israel, es lo que temen los pres­i­dentes, políti­cos, peri­odis­tas, e int­elec­tuales que evi­tan pun­til­losa­mente con­denar o nom­brar los per­iódi­cos geno­cidios mil­itares de Israel en Gaza, repi­tiendo lo que ya hicieron durante la masacre israelí en Libano en el 2006.
La gran com­pli­ci­dad inter­na­cional con las masacres per­iódi­cas israelíes no se ges­tan por miedo al Estado de Israel sino por miedo a lo que rep­re­senta el Estado de Israel.
No se trata de Israel, un Estado sion­ista más, sino del «Gran Israel», la patria del judaísmo mundial (con ter­ri­to­rio robado a los palesti­nos), de la cual todos los judíos del mundo se sien­ten sus hijos pródi­gos des­perdi­ga­dos por el mundo.
No se trata de Israel, sino de las poderosas orga­ni­za­ciones y comu­nidades judías mundi­ales que apo­yaron en bloque el geno­cidio mil­i­tar de Israel en Gaza, que uti­lizan su poder y «escala de pres­ti­gio» (con­stru­ida medi­ante su vic­tim­ización histórica con el Holo­causto) para con­ver­tir en un lep­roso social al que se atreva criticar o a lev­an­tar la voz con­tra el exter­minio mil­i­tar israelí en Gaza.
Los gob­ier­nos del mundo cap­i­tal­ista, los peri­odis­tas, int­elec­tuales, orga­ni­za­ciones sindi­cales y sociales no le temen a Israel, sino a su lap­i­dación social como «anti­semita» (mote que se le otorga al que enfrenta y/o denun­cia al sion­ismo judío).
No le temen al Estado de Israel, sino a los hijos de Israel camu­fla­dos en los grandes cen­tros de decisión del poder mundial, sobre todo económicos-financieros y mediático-culturales.
Los políti­cos, int­elec­tuales y peri­odis­tas del sis­tema no temen a Israel, sino que temen a los medios, orga­ni­za­ciones y empre­sas judías, y a su influ­en­cia sobre los gob­ier­nos y pro­ce­sos económicos-culturales del sis­tema sion­ista cap­i­tal­ista exten­dido por todos los países a escala plan­e­taria.
En defin­i­tiva temen que las empre­sas, las uni­ver­si­dades, las orga­ni­za­ciones y las fun­da­ciones inter­na­cionales sion­istas que finan­cian y o pro­mo­cio­nan sus ascen­sos y puestos en la maquinaria del sis­tema los declaren «anti­semi­tas» y los dejen sin tra­bajo, sin vaca­ciones y sin jubi­lación.
Esa es la causa prin­ci­pal que explica porque los int­elec­tuales, académi­cos y peri­odis­tas del sis­tema viven elu­cubrando sesu­dos análi­sis de la «real­i­dad» política, económica y social sin la pres­en­cia de la pal­abra judío o del sis­tema cap­i­tal­ista que paga por sus ser­vi­cios.
Si bien hay un grupo de int­elec­tuales y de mil­i­tantes judíos de izquierda (entre ellos Chom­sky y Gel­man, entre otros) que con­denaron y protes­taron con­tra el geno­cidio israelí en Gaza, la may­oría abru­mante de las comu­nidades y orga­ni­za­ciones judías a escala plan­e­taria apo­yaron explíci­ta­mente la masacre de civiles en Gaza argu­men­tando que se trataba de una «guerra con­tra el ter­ror­ismo».
A pesar de que Israel no invadió ni per­petró un geno­cidio mil­i­tar en Gaza con la religión judía, sino con aviones F-16, mis­iles, bom­bas de racimo, helicópteros Apache, tan­ques, artillería pesada, bar­cos, sis­temas informa­ti­za­dos, y una estrate­gia y un plan de exter­minio mil­i­tar en gran escala, quien cues­tione esa masacre es con­de­nado por «anti­semita» por el poder judío mundial dis­tribuido por el mundo.
A pesar de que el lobby judío sion­ista que con­trola Israel, tanto como la Casa Blanca, el Tesoro y la Reserva Fed­eral de EEUU no reza en las sin­a­gogas sino en la Cat­e­dral de Wall Street, el que lo cri­tique es tildado de inmedi­ato como «anti­semita» o «nazi» por las estruc­turas mediáti­cas y cul­tur­ales con­tro­la­dos por el poder judío mundial.
Las cam­pañas de denun­cia de anti­semitismo con las que Israel y las orga­ni­za­ciones judías bus­can neu­tralizar a las crit­i­cas con­tra la masacre, abor­dan la cuestión como si el sion­ismo judío (sostén del estado de Israel) fuera una cuestión «racial» o reli­giosa, y no un sis­tema de dominio impe­r­ial que abarca inter­ac­ti­va­mente el plano económico, político, social y cul­tural, superando la cuestión de la raza o de las creen­cias reli­giosas.
El lobby sion­ista no con­trola el mundo con la religión: lo maneja con ban­cos, trasna­cionales, hege­monía sobre los sis­temas económicos-productivos, con­trol sobre los recur­sos nat­u­rales, con­trol de la red infor­ma­tiva y de manip­u­lación mundial, y manejo de los val­ores sociales a través de la pub­li­ci­dad, la cul­tura y el con­sumo estandarizado y glob­al­izado por los medios de comu­ni­cación.
En defin­i­tiva, el lobby judío no rep­re­senta a ninguna sin­a­goga ni expre­sión racial, sino que es la estruc­tura que maneja el poder mundial a través del con­trol sobre los cen­tros económicos-financieros y de decisión estratég­ica del sis­tema cap­i­tal­ista expandido como civ­i­lización «única».
Antes que por la religión y la raza, el lobby sion­ista y sus redes se mueven por una ide­ología política fun­cional: el sion­ismo capitalista-imperial que antepone el mer­cado, la con­cen­tración de riqueza, la «política de nego­cios», a cualquier filosofía que roce las nociones del «bien» o del «mal» enten­di­dos den­tro de parámet­ros sociales.
Entonces: ¿De qué hablan cuando hablan de «anti­semitismo» o de «anti-judaismo reli­gioso? ¿En que parámet­ros ref­er­en­ciales se basa la condi­ción de anti­semita»? ¿Quién es anti­semita? ¿Quién crit­ica a los judíos por su religión o por su raza en las sociedades del mundo?
A lo sumo, a los judíos, como está probado en la real­i­dad social de cualquier país, no se los crit­ica por su religión o condi­ción racial sino por su apego exce­sivo al sta­tus del dinero (tam­bién cul­ti­vado por otras colec­tivi­dades) y a inte­grar estruc­turas o jer­ar­quías de poder den­tro de un sis­tema injusto de opre­sión y de explotación del hom­bre por el hom­bre, como es el sis­tema cap­i­tal­ista.
Salvo los gru­pos minori­tar­ios de fanáti­cos y racis­tas que sólo se rep­re­sen­tan a sí mis­mos, en las sociedades (salvo el nazismo alemán y algu­nas excep­ciones) casi nunca hubo «per­se­cu­ción reli­giosa o racial» del judío, si no que hubo una aso­ciación del judío con la «peor cara del cap­i­tal­ismo», rep­re­sen­tada en el sis­tema económico-financiero espec­u­la­tivo.
En resumen
El lobby sion­ista que pro­tege al Estado de Israel (por «derecha» y por «izquierda») esta con­for­mado por una estruc­tura de estrate­gas y tec­nócratas que operan las redes indus­tri­ales, tec­nológ­i­cas, mil­itares, financieras y mediáti­cas del cap­i­tal­ismo trasna­cional exten­dido por los cua­tro pun­tos car­di­nales del plan­eta.
Sus redes se expre­san a través de una mul­ti­pli­ci­dad de orga­ni­za­ciones ded­i­cadas a pro­mover el actual mod­elo global, entre las que se cuen­tan prin­ci­pal­mente: The Hud­son Insti­tute, The RAND Cor­po­ra­tion, The Brook­ings Insti­tu­tion, The Tri­lat­eral Com­mis­sion, The World Eco­nomic Forum, Aspen Insti­tute, Amer­i­can Enter­prise Insti­tute, Deutsche Gesellschaft für Auswär­ti­gen Poli­tik, Bilder­berg Group, Cato Insti­tute, Tave­stock insti­tute, y el Carnegie Endow­ment for Inter­na­tional Peace, entre otros.
Todos estos think tanks o «ban­cos de cere­bros», reú­nen a los mejores tec­nócratas, cien­tí­fi­cos y estu­diosos en sus respec­tivos cam­pos, egre­sa­dos de los las uni­ver­si­dades de EEUU, Europa y de todo el resto del mundo.
El lobby no responde sola­mente al Estado de Israel (como afir­man los anal­is­tas de la «cara derechista» de los neo­cons) sino a un poder mundial sion­ista que es el dueño del Estado de Israel tanto como del Estado norteam­er­i­cano, y del resto de los Esta­dos con sus recur­sos nat­u­rales y sis­temas económico-productivos.
El lobby no sola­mente está en la Casa Blanca sino que abarca todos los nive­les de las opera­ciones del cap­i­tal­ismo a escala trasna­cional, cuyo dis­eño estratégico está en la cabeza de los grandes char­mans y ejec­u­tivos de ban­cos y con­sor­cios multi­na­cionales que se sien­tan en el Con­senso de Wash­ing­ton y se reparten el plan­eta como si fuera un pas­tel.
Ni la izquierda ni la derecha par­tidaria hablan de este poder «total­izado» por la sen­cilla razón de que ambas están fusion­adas (a modo de alter­na­ti­vas fal­sa­mente enfrentadas) a los pro­gra­mas y estrate­gias del cap­i­tal­ismo trasna­cional que con­trola el plan­eta.
Por lo tanto, y mien­tras no se artic­ule un nuevo sis­tema de com­pren­sión estratég­ica (una «ter­cera posi­ción» rev­olu­cionaria del saber y el conocimiento) el poder mundial que con­trola el plan­eta seguirá per­petuán­dose en las fal­sas opciones de «izquierda» y «derecha».
Y el lobby judío de «derecha» de los repub­li­canos con­ser­vadores seguirá suce­di­endo al lobby judío «de izquierda» de los demócratas lib­erales en una con­tinuidad estratég­ica de las mis­mas líneas rec­toras del Impe­rio sion­ista mundial.
Y las masacres del Estado de Israel seguirán, como hasta ahora, impunes y pro­te­gi­das por las estruc­turas del sis­tema de poder mundial sion­ista cap­i­tal­ista que lo con­sid­era como su «patria territorial».

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