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Libertad de expresión, el “efecto silenciador” de los grandes medios de comunicación

el agosto 5, 2010 en Brazil

Carta Maior

La pro­hibi­ción del debate ver­dadera­mente público de cues­tiones rel­a­ti­vas a la democ­ra­ti­zación de las comu­ni­ca­ciones por los grandes gru­pos dom­i­nantes de los medios, fun­ciona como una cen­sura dis­frazada. Este es el “efecto silen­ci­ador” que el dis­curso de los grandes medios provoca exac­ta­mente en relación a la lib­er­tad de expre­sión que sim­u­lan defender.

Desde la con­vo­ca­to­ria de la 1ª Con­fer­en­cia Nacional de Comu­ni­cación (CONFECOM), en abril de 2009, los grandes gru­pos de los medios y sus ali­a­dos deci­dieron inten­si­ficar la estrate­gia de oposi­ción al Gob­ierno y a los par­tidos que lo sus­ten­tan. En esa estrate­gia –asum­ida por la pres­i­denta de la ANJ y super­in­ten­dente del grupo Hoja – uno de los pun­tos con­siste en alardear públi­ca­mente de que el país vive bajo la ame­naza con­stante de la vuelta a la cen­sura y de que la lib­er­tad de expre­sión, [que es, sin más, la lib­er­tad de prensa] corre un serio riesgo.

Además de la satanización de la propia CONFECOM, son ejem­p­los recientes de esa estrate­gia la vio­lenta resisten­cia al PNDH3 y el car­naval hecho en torno de la primera prop­uesta del pro­grama de Gob­ierno entre­gado al TSE por la can­di­data Dilma Roussef ( ver, por ejem­plo, la cubierta, el edi­to­r­ial y la mate­ria interna de la revista ‘Veja’, edi­ción n. 2173).

La lib­er­tad – el eterno tema de com­bate del lib­er­al­ismo clásico – está en el cen­tro de la “batalla de las ideas” que se frena día a día, a través de los grandes medios, y se trans­forma en poderoso instru­mento de la cam­paña elec­toral. A veces, parece incluso que volve­mos, en Brasil, a los super­a­dos tiem­pos de la “guerra fría”.

El efecto silenciador

En este con­texto, es opor­tuna y apropi­ada la relec­tura de “La ironía de la Lib­er­tad de Expre­sión” (Edi­to­r­ial Ren­o­var, 2005), pequeño y magis­tral libro escrito por el pro­fe­sor de Yale Owen Fiss, uno de los más impor­tantes y recono­ci­dos espe­cial­is­tas en la “Primera Enmienda” de los Esta­dos Unidos.

Fiss intro­duce el con­cepto de “efecto silen­ci­ador” cuando dis­cute que, al con­trario de lo que preg­o­nan los lib­erales clási­cos, el Estado no es un ene­migo nat­ural de la lib­er­tad. El Estado puede ser una fuente de lib­er­tad, por ejem­plo, cuando pro­mueve “la robustez del debate público en cir­cun­stan­cias en las que los poderes fuera del Estado están inhi­bi­endo el dis­curso. Puede tener que asig­nar recur­sos públi­cos – dis­tribuir megá­fonos – para aque­l­los cuyas voces no serían escuchadas en la plaza pública de otra man­era. Puede incluso tener que silen­ciar las voces de algunos para que se oigan las voces de los otros. Algu­nas veces no hay otra forma” (p.30).

Fiss usa como ejem­plo los dis­cur­sos de incitación al odio, la pornografía y los gas­tos ilim­i­ta­dos en las cam­pañas elec­torales. Las víc­ti­mas del odio tienen su autoes­tima destrozada; las mujeres se trans­for­man en obje­tos sex­u­ales y los “menos prósperos” quedan en desven­taja en la arena política.

En todos esos casos, “el efecto silen­ci­ador viene del pro­pio dis­curso”, esto es, “ la agen­cia que ame­naza el dis­curso no es el Estado– Cor­re­sponde, por tanto, al Estado pro­mover y garan­ti­zar el debate abierto e inte­gral y ase­gu­rar que el público oiga a todos los que debería oír, o más aún, garan­tice la democ­ra­cia exigiendo “que el dis­curso de los poderosos no entierre o com­pro­meta el dis­curso de los menos poderosos”.

Especí­fi­ca­mente en el caso de la lib­er­tad de expre­sión, exis­ten situa­ciones en las que la “med­i­c­ina” lib­eral clásica de más dis­cur­sos, al con­trario que la reg­u­lación del Estado, sim­ple­mente no fun­ciona. Los que supues­ta­mente podrían respon­der al dis­curso dom­i­nante no tienen acceso a las for­mas de hac­erlo (pp.47–48)

Creo que el ejem­plo emblemático de esa última situación es el acceso al debate público en las sociedades en donde (todavía) está con­tro­lado por los grandes gru­pos de los medios de comunicación

Cen­sura disfrazada

La lib­er­tad de expre­sión tiene como fin ase­gu­rar un debate público democrático en donde, como dice Fiss, todas las voces sean oídas.

Al usar como estrate­gia de oposi­ción política la repeti­ción de la ame­naza con­stante de volver a la cen­sura y de que corre riesgo la lib­er­tad de expre­sión, los grandes gru­pos de los medios trans­for­man la lib­er­tad de expre­sión en un fin en sí mismo. Además escamotean la real­i­dad de que, en Brasil, el debate público no sólo (todavía) es reg­u­lado por los grandes medios como una inmensa may­oría del pueblo que no tiene acceso él, y del que históri­ca­mente está excluido.

Nues­tra prensa tardía se desar­rolla en los mar­cos de un “lib­er­al­ismo anti­democrático” en el que las nor­mas y pro­ced­imien­tos rel­a­tivos a otorgamien­tos y ren­o­va­ciones de con­ce­siones de radiod­i­fusión son respon­s­ables por la con­cen­tración de la propiedad en mano de las tradi­cionales oli­gar­quías políti­cas regionales y locales (nunca tuvi­mos cualquier restric­ción efec­tiva a la propiedad cruzada), e impi­den la efec­tiva plu­ral­i­dad y diver­si­dad en los medios de comunicación.

La inter­dic­ción del debate ver­dadera­mente público de cues­tiones rel­a­ti­vas a la democ­ra­ti­zación de las comu­ni­ca­ciones por los gru­pos dom­i­nantes de los medios, en la prác­tica, fun­ciona como una cen­sura disfrazada.

Éste es el “efecto silen­ci­ador” que el dis­curso de los grandes medios provoca exac­ta­mente en relación a la lib­er­tad de expre­sión que sim­u­lan defender.

Fuente orig­i­nal: http://www.cartamaior.com.br/templates/colunaMostrar.cfm?coluna_id=4728

Tra­ducido del por­tugués para Rebe­lión por Marga Durán

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